Frustración Uno

  

 

Estoy encerrado en una cárcel.
Estoy sólo, en medio de la oscuridad.
Hace tres días que no he visto la luz.

Es un sitio grande, húmedo y muy frio. No hay sillas. Duermo y me siento en una esquina, tan fría como la que más; pero no me importa mucho porque llevo un buen abrigo.
Las paredes deben ser de piedra, con abundante musgo, pero sin bichos. Supuse que habría ratas, pero hasta ahora no me he topado con ninguna.

Todavía no he pasado hambre. Como y bebo bien. Lo malo es que que no avisan cuando traen la comida; ayer o mejor hace algún tiempo, tire el pozal de agua y estuve sin beber hasta que volví a escuchar el sonido correspondiente. Fué horroroso porque la carne estaba muy salada. La verdad es que no sé cómo me distribuyo las necesidades pero el caso es que no tengo ninguna apetencia.
Es una prisión sin barrotes, por lo menos todavía no los he tocado o sentido. Es una pena porque los barrotes son típicos y si no existen no da la verdadera sensación de estar encerrado; así que tengo que planteármelo muy seriamente para saberlo.

Me tomo las cosas con indiferencia, así parece que sale el buen humor. He perdido la noción del tiempo y casi de la persona.
No sé cuánto tiempo estaré aquí y no me preocupa.
Lo divertido es que la puerta está abierta.


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